Colonizar Marte suena todavía a ciencia ficción, pero hace tiempo dejó de ser una idea sin ingeniería detrás. No existe una ciudad marciana en construcción, ni una fecha acordada para el primer asentamiento humano. Lo que sí existe es algo más interesante: una acumulación de décadas de conocimiento, máquinas, experimentos y pequeñas victorias que, juntas, empiezan a parecerse a los cimientos de una futura presencia humana en otro planeta.
Antes de pensar en casas, cultivos o carreteras en Marte hubo que responder preguntas mucho más básicas. ¿Podemos llegar? ¿Podemos aterrizar? ¿Hubo agua? ¿Hay recursos que podamos usar? ¿Puede una máquina trabajar allí durante años? ¿Podríamos fabricar oxígeno sin llevarlo desde la Tierra? ¿Cómo soportaría una tripulación el aislamiento, la radiación y una demora de comunicaciones que puede extenderse durante largos minutos?
La historia de la colonización marciana, por ahora, es la historia de esas preguntas.
Primero tuvimos que aprender a llegar
Las misiones Mariner y Viking cambiaron para siempre la relación humana con Marte. Las primeras observaciones cercanas revelaron un planeta mucho más complejo que el punto rojo que veíamos desde la Tierra, y los Viking demostraron en la década de 1970 que era posible colocar laboratorios en la superficie y hacerlos trabajar a distancia. Desde entonces, orbitadores, módulos de aterrizaje y rovers han ido construyendo un mapa físico, químico y climático cada vez más preciso del planeta.
Hoy Marte es el planeta más explorado por robots fuera de la Tierra. La NASA mantiene un programa completo de exploración marciana cuyo conocimiento científico y tecnológico está pensado, entre otros objetivos, para preparar futuras misiones humanas.
Descubrir que Marte alguna vez pudo ser habitable
Una colonia necesita algo más que un lugar donde aterrizar: necesita comprender el entorno. Curiosity, que llegó al cráter Gale en 2012, encontró evidencias químicas y minerales de antiguos ambientes habitables. No significa que haya encontrado vida, pero sí que Marte tuvo, en el pasado remoto, condiciones que pudieron ser compatibles con microorganismos.
Ese cambio de perspectiva fue enorme. Marte dejó de ser solamente un desierto hostil y pasó a ser también la memoria geológica de un mundo que alguna vez tuvo lagos, ríos y una atmósfera diferente. La misión Curiosity continúa activa y sigue ampliando ese registro.
También aprendimos que el agua no es solo una historia del pasado. El módulo Phoenix confirmó hielo de agua cerca de la superficie en las regiones polares del norte. Orbitadores posteriores han ayudado a localizar depósitos de hielo en otras zonas. Para una futura base, ese recurso podría ser decisivo: agua para beber, para producir oxígeno, para cultivar y, potencialmente, para generar combustible.
Perseverance: explorar pensando en quienes podrían venir después
Perseverance aterrizó en el cráter Jezero en 2021 con una misión que ya mira explícitamente hacia la siguiente etapa. Además de estudiar un antiguo delta y buscar señales de vida microbiana pasada, el rover está recogiendo y sellando muestras de roca y regolito marciano. Algunas fueron depositadas en la superficie como respaldo para un eventual retorno a la Tierra.
El modo exacto y el calendario para traer esas muestras todavía están en evolución, pero el hecho importante ya ocurrió: por primera vez tenemos una colección cuidadosamente seleccionada y encapsulada en Marte con la intención de que algún día pueda ser estudiada en laboratorios terrestres. La NASA mantiene un registro de las muestras de Perseverance.
Junto a Perseverance viajó también Ingenuity, un pequeño helicóptero que iba a realizar unas pocas demostraciones de vuelo. Terminó completando 72 vuelos entre 2021 y 2024. Fue la primera aeronave en realizar vuelo controlado y propulsado en otro planeta. Ese logro abrió la posibilidad de una futura logística aérea marciana: reconocimiento de rutas, inspección de terrenos, transporte de instrumentos y exploración de zonas inaccesibles para rovers. La historia completa está en la página de Ingenuity.
MOXIE: fabricar aire con el propio Marte
Quizás uno de los experimentos más cercanos a la idea de una colonia fue MOXIE, un dispositivo del tamaño aproximado de una batería de automóvil instalado dentro de Perseverance. Su trabajo era tomar dióxido de carbono de la atmósfera marciana y convertirlo en oxígeno.
Funcionó. Entre 2021 y 2023 produjo oxígeno en 16 ocasiones y alcanzó una producción máxima de 12 gramos por hora con una pureza de al menos 98 %. En total generó 122 gramos. Es una cantidad pequeña para una persona, pero enorme como demostración: probó que una futura expedición podría utilizar recursos locales en vez de transportar desde la Tierra todo el oxígeno que necesita.
Y hay una razón todavía más importante. Una misión tripulada no solo necesita oxígeno para respirar: necesita enormes cantidades de oxidante para despegar de Marte y regresar. Una versión industrial de esta tecnología podría fabricar allí parte del combustible de retorno. La NASA explica aquí los resultados finales de MOXIE.
Aprender a vivir en Marte sin salir de la Tierra
La ingeniería no basta. Una colonia será también un experimento humano: convivencia, monotonía, aislamiento, mantenimiento, medicina, ejercicio, comida, privacidad y decisiones tomadas sin ayuda inmediata desde casa.
Para estudiar esa parte del problema, NASA creó CHAPEA, una serie de misiones simuladas dentro de Mars Dune Alpha, un hábitat impreso en 3D de unos 158 metros cuadrados en el Johnson Space Center. La primera misión terminó en 2024. La segunda comenzó el 19 de octubre de 2025 y, a agosto de 2026, sus cuatro participantes siguen viviendo dentro del hábitat; está previsto que salgan el 31 de octubre de 2026.
Allí ensayan caminatas simuladas, mantenimiento, ejercicio, atención médica, retrasos de comunicación y cultivo de alimentos. No reproduce cada peligro físico de Marte, pero permite estudiar algo difícil de probar con robots: qué ocurre cuando cuatro seres humanos deben convertir un espacio cerrado en su mundo entero durante más de un año. La evolución del programa puede seguirse en CHAPEA de NASA.
La energía: el problema silencioso de cualquier ciudad marciana
No hay colonia sin electricidad. Los paneles solares funcionan en Marte —los hemos utilizado durante décadas—, pero el polvo, las estaciones y las tormentas hacen que depender solo del Sol sea arriesgado para una base habitada. Por eso NASA estudia sistemas de fisión nuclear para producir energía de forma continua tanto en la Luna como, posteriormente, en Marte.
La agencia trabaja con el Departamento de Energía de Estados Unidos en sistemas de fisión de superficie y ha planteado demostrar primero esta tecnología en la Luna. En paralelo, sus planes actuales incluyen nuevas demostraciones de propulsión y energía nuclear en el espacio profundo. Son piezas todavía en desarrollo, no infraestructura marciana instalada, pero apuntan a una necesidad básica: una comunidad humana necesitará energía estable las 24 horas del día para mantener calefacción, comunicaciones, reciclaje de agua, producción de oxígeno, agricultura y laboratorios. Más información en el programa de Fission Surface Power de NASA.
La comida tendrá que crecer lejos de la Tierra
Transportar cada caloría desde nuestro planeta podría servir para una misión breve, pero no para una comunidad permanente. Décadas de experimentos en la Estación Espacial Internacional ya han demostrado cultivo de vegetales en microgravedad, mientras los simuladores de Marte exploran sistemas hidropónicos y rutinas de producción de alimentos.
El desafío marciano será todavía mayor: baja gravedad, radiación, escasez de agua, polvo y un suelo con compuestos como percloratos que obligarían a tratarlo o a cultivar en sistemas cerrados. La agricultura marciana probablemente se parecerá menos a un campo y más a una fábrica biológica: luz controlada, agua reciclada, nutrientes recuperados y ambientes presurizados.
Lo que todavía no sabemos resolver del todo
Una colonia en Marte sigue estando muy lejos porque algunos de los problemas más importantes no tienen todavía una solución operativa completa.
La radiación es uno de ellos. Marte carece del campo magnético global y de la atmósfera densa que nos protegen en la Tierra. Los hábitats necesitarán blindaje, posiblemente utilizando agua o regolito marciano. También falta comprender mejor cómo afectaría la gravedad marciana —aproximadamente un 38 % de la terrestre— al cuerpo humano durante años o generaciones.
Debemos aterrizar cargas muchísimo más pesadas que cualquier rover, mantener sistemas de soporte vital durante años, reciclar casi toda el agua, reparar equipos sin repuestos inmediatos, producir comida, responder a emergencias médicas con autonomía y diseñar una economía capaz de sostener una cadena logística interplanetaria. La propia NASA resume varias de las tecnologías que considera necesarias para enviar humanos a Marte.
Y queda una pregunta menos técnica pero igual de importante: cómo explorar y eventualmente habitar Marte sin destruir aquello que queremos estudiar. Si alguna forma de vida existe o existió allí, la contaminación biológica terrestre podría complicar para siempre nuestra capacidad de reconocerla. La colonización no será solo una discusión sobre ingeniería; también será una discusión sobre responsabilidad.
Lo que viene: más robots antes que ciudades
Europa prepara el rover Rosalind Franklin de la misión ExoMars, actualmente con lanzamiento previsto no antes de 2028 y llegada alrededor de 2030. Su capacidad de perforar hasta dos metros bajo la superficie busca estudiar materiales protegidos de la radiación y buscar señales de vida pasada o presente. Puedes seguir el proyecto en la Agencia Espacial Europea.
En el sector privado, SpaceX plantea Starship como un sistema de transporte de gran capacidad para la Luna y Marte y publica actualmente que sus vuelos de carga a la superficie marciana para investigación, desarrollo y exploración comenzarían no antes de 2028. La empresa habla incluso de una futura ciudad autosuficiente. Son objetivos extraordinariamente ambiciosos y sus fechas no deben confundirse con una misión garantizada, pero muestran cómo el problema del transporte pesado hacia Marte ha pasado de ser una discusión teórica a convertirse en una línea de desarrollo industrial. Los planes declarados por la compañía están en su página de misiones a Marte.
Colonizar Marte será aprender a dejar de depender de la Tierra
Tal vez la verdadera frontera no sea el primer aterrizaje humano. Llegar será una hazaña, pero una colonia comienza después: cuando alguien pueda respirar aire producido allí, beber agua extraída allí, comer algo cultivado allí, reparar una máquina con materiales disponibles allí y sobrevivir a una noche sin que un cargamento desde la Tierra sea la única respuesta posible.
Visto así, ya hemos empezado. No con ciudades, sino con gestos pequeños: un rover que perfora una roca, un helicóptero que se levanta unos metros sobre un cielo color salmón, una máquina que toma la atmósfera marciana y devuelve oxígeno, cuatro personas que cierran una puerta en Houston para descubrir cómo se siente vivir lejos de todos.
La colonización de Marte probablemente no tendrá un momento único en que podamos decir “aquí comenzó”. Será una suma de pasos separados por décadas, errores, cancelaciones, nuevas tecnologías y generaciones de personas que quizá nunca lleguen a pisarlo, pero que habrán construido algo necesario para quienes sí lo hagan.
Y cuando ocurra, si ocurre, tal vez lo más extraordinario no sea ver una bandera ni una nave sobre el polvo rojo. Será ver una ventana encendida al anochecer y comprender que, por primera vez, esa luz no pertenece a una máquina que visita otro mundo, sino a alguien que lo llama hogar.